Buenas, hace poco me enteré de un concurso de relatos cortos organizados por TMB (el transoprte metropolitano de barcelona) y alguna editorial.
El único requisito es que tu relato no supere los 3500 caracteres (no se como cuentan pero es menos que los caracteres que marca el word) y que el marco de la historia tenga como escenario el metro o el bus, o bien que la historia incluya a estos transportes como parte protagonista del relato. Pero no se porqué resulta que muchos relatos no son colgados, como este, que por eso cuelgo aquí:
ELLA
Era la primera vez que viajaba en metro. Venía de lejos, y como muchos otros jóvenes estaba esperanzada en el gran futuro que podría abrirse ante ella. Había llegado tarde, pues los billetes del autocar que la había traído eran más baratos a estas horas. Cargada con una gran mochila y un par de bolsas deportivas se dirigía a una pensión en la otra punta de la ciudad. Los rizos rojizos le caían como una cascada tapándole parte de las pecas que salpicaban su rostro. Su sonrisa era risueña e inocente e iba acompañada de unos ojos oscuros y brillantes. Esto había bastado para llamar mi atención, más aún cuando con una voz suave y algo nerviosa me preguntó que línea debía coger para llegar a su destino. Casualmente iba en mi misma dirección así que me ofrecí a acompañarla y ayudarla con las bolsas. Ella aceptó y nos pusimos en marcha entablando una distendida conversación.
Ahora podía verla, arrodillada, tapándose su bello rostro con las manos mientras las lágrimas se le escurrían entre los dedos. Podía verla perfectamente, como podía ver a otra gente que estaba a mí alrededor intentando lo imposible. También me veía a mí, allí tendido, en medio de un charco de sangre pero con el rostro sonriente.
Todo había ido muy rápido, un grupo de chorizos y delincuentes había entrado en el vagón, haciendo jarana e intimidando a la gente, hasta que empezaron a meterse con Ella. Burlándose y reclamándole que abriera las mochilas y les diese el dinero. Intenté apaciguarles, darles lo mío, que la dejasen en paz, que Ella acababa de llegar…, no se como, pero la cosa se fue desmadrando, empezaron las discusiones y los tira y afloja. Justo antes de llegar a la siguiente estación, algo frío y punzante penetró tres veces en mi pecho. Mientras el metro abría sus puertas y ellos salían corriendo yo me desplomaba en los brazos de Ella. Uno de los pocos pasajeros que había en el vagón tiró de la alarma. Yo sólo la miraba a Ella y le apretaba la mano mientras le decía, “tranquila, ha valido la pena con tal de conocerte, lástima no haber podido disponer de más tiempo”, entonces sonrió y una de sus lágrimas se me introdujo entre los labios. Su sabor fue dulce en lugar de salado, la sensación refrescante, y cerrando los ojos sonreí. Luego mi perspectiva de visión cambió a la actual, y al poco llegaron los del servicio de urgencias.
Realmente no me imaginé acabar así, pero creo que lo supe en cuanto la ví, en cuanto me habló, en cuanto le rocé la mano para cogerle la bolsa, ahora ella estaba allí, junto a mi cuerpo, con los demás, pero parecía que nadie la veía, entonces se levantó, me miró, sonrió y se me acercó elevándose hasta mi posición. Me tendió la mano y preguntó, “¿Nos vamos?”, me aferré a Ella y con una sonrisa asentí.
Ahora podía verla, arrodillada, tapándose su bello rostro con las manos mientras las lágrimas se le escurrían entre los dedos. Podía verla perfectamente, como podía ver a otra gente que estaba a mí alrededor intentando lo imposible. También me veía a mí, allí tendido, en medio de un charco de sangre pero con el rostro sonriente.
Todo había ido muy rápido, un grupo de chorizos y delincuentes había entrado en el vagón, haciendo jarana e intimidando a la gente, hasta que empezaron a meterse con Ella. Burlándose y reclamándole que abriera las mochilas y les diese el dinero. Intenté apaciguarles, darles lo mío, que la dejasen en paz, que Ella acababa de llegar…, no se como, pero la cosa se fue desmadrando, empezaron las discusiones y los tira y afloja. Justo antes de llegar a la siguiente estación, algo frío y punzante penetró tres veces en mi pecho. Mientras el metro abría sus puertas y ellos salían corriendo yo me desplomaba en los brazos de Ella. Uno de los pocos pasajeros que había en el vagón tiró de la alarma. Yo sólo la miraba a Ella y le apretaba la mano mientras le decía, “tranquila, ha valido la pena con tal de conocerte, lástima no haber podido disponer de más tiempo”, entonces sonrió y una de sus lágrimas se me introdujo entre los labios. Su sabor fue dulce en lugar de salado, la sensación refrescante, y cerrando los ojos sonreí. Luego mi perspectiva de visión cambió a la actual, y al poco llegaron los del servicio de urgencias.
Realmente no me imaginé acabar así, pero creo que lo supe en cuanto la ví, en cuanto me habló, en cuanto le rocé la mano para cogerle la bolsa, ahora ella estaba allí, junto a mi cuerpo, con los demás, pero parecía que nadie la veía, entonces se levantó, me miró, sonrió y se me acercó elevándose hasta mi posición. Me tendió la mano y preguntó, “¿Nos vamos?”, me aferré a Ella y con una sonrisa asentí.
Pues, no se que os parecerá, pero supongo que no lo colgaron por el asunto de los "chorizos" y tal, pero bueno, ya se sabe lo políticamente correcto, y obbiar la realidad..., pero que todo el mundo sabe que desgraciadamente también pasan cosas desagradables en el metro, pero yo nocreo que el tono del relato sea ni desagradable ni escabroso, pero bueno ya retocaré algo haber si esos hipócritas lo "aceptan". Almenos que pongan en las bases que no quieren ni muertos, ni robos ni ningún atisbo de realidad que pueda ensuciar la gran maravilla que es el transporte público, seguro que si alguien ha hablado del sudor, calor y la peste de ser transportado como en una lata de sardinas, también le han censurado el escrito... atajo de... ¿políticos?
Ale os dejo con un enlace que pueda ir con el relato...
